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Cuando la abuela Paquita se puso de parto de su tercer hijo, la tía Mauri se quedó cuidando de Juan y María.
Todos (bueno, Juan no, sólo tenía 14 meses) esperaban ansiosos la llamada del abuelo Jesús desde el hospital.
Cuando por fin sonó el teléfono, la tía Mauri sonrió y dijo: "¡Ha sido niño!".
Había nacido Iñaki.
Y a María sólo se le ocurrió ponerse a llorar porque prefería una hermanita.